Era puro deseo. Una mujer como cualquier otra, casada con un hombre incapaz de satisfacerla, no podía ser indiferente a un hombre joven, vigoroso y rebosante de testosterona como yo. Y mucho menos después de las descaradas provocaciones y caricias de unos momentos antes.Solo oponía una débil resistencia, aferrada a lo poco que le quedaba de amor propio.—Ya no quiero masajes... No eres nada profesional —dijo entre dientes, con la voz temblorosa.—Está bien. —La solté, pero no me moví de ahí.Volví a arrodillarme y le sostuve la mirada, consumido por el deseo.—Usted no es quien decide si necesita relajarse. ¿No se lo dije? Su esposo me pidió que me hiciera cargo de usted.Me miró desconfiada, pero no dijo nada.—Déjeme revisarla. —Tomé la pistola de masaje de la mesa, la encendí y la puse al mínimo.Bzzz, bzzz...El zumbido del aparato rompió el silencio de la sala. Acerqué despacio el cabezal a sus piernas cruzadas.—¿Qué... qué vas a hacer? —preguntó Hanna, pálida de terror.—No se
Baca selengkapnya