Marlene estaba nerviosa, temía que su patrón hiciera una locura, así que agarró el teléfono y marcó el número de Diogo, él contestó enseguida.—¿Quién habla?—Soy yo, Marlene, señor Diogo, perdone que llame a esta hora.—Marlene, ¿qué pasa?—El señor Franco está mal, está encerrado en el despacho, acaba de romper todo lo que había adentro, grita, insulta, llora, no sé qué le pasa, pero tengo miedo de que llegue a lastimarse.Diogo se quedó callado un segundo. —¿Lorena está con él?—No ha vuelto en toda la noche, él la esperó, a las cinco salió a buscarla, volvió y se encerró en el despacho.—Ya voy para allá. Media hora después, Diogo llegó a la mansión, Marlene le abrió la puerta.—¿Dónde está? —dijo Diogo.—En el despacho, sigue encerrado, no ha salido para nada.Diogo caminó hasta el despacho, tocó la puerta.—Franco, soy yo, abre.Silencio.—Franco, abre, soy Diogo.No recibió respuesta, giró el pomo, afortunadamente la puerta no tenía llave, abrió, Franco estaba sentado en el p
Última atualização : 2026-08-06 Ler mais