Habían pasado varias horas desde el amanecer.La ciudad seguía moviéndose con su ritmo habitual, indiferente al dolor de quienes buscaban desesperadamente respuestas.En el amplio departamento, el silencio dominaba casi todos los rincones.Miguel permanecía junto a una ventana, observando el tránsito desde lo alto. Vestía un elegante traje oscuro, perfectamente planchado, mientras sostenía una taza de café que ya se había enfriado.Su expresión era la misma de siempre.Serena.Fría.Impenetrable.Sin embargo, en su mente se desarrollaban cálculos constantes.No podía permitirse errores.Detrás de él, Valeria permanecía sentada en un enorme sillón, abrazando un pequeño oso de peluche que había encontrado en una de las habitaciones.La niña lo miró.-Señor...Miguel no respondió.—¿Está enojado?Silencio.—¿Siempre piensa tanto?Él dejó lentamente la taza sobre la mesa.—Hablas demasiado.Valeria hizo una pequeña mueca.—Eso dice mamá.Miguel volvió a mirar por la ventana.—Entonces tu
Última actualización : 2026-08-10 Leer más