Damián dejó una carpeta sobre el escritorio y, sin ningún problema, miró a Valentina a los ojos. —Sí. Bastante buena. ¿Por qué? La respuesta salió con tanta naturalidad que a ella le dieron ganas de arrojarle un cenicero que tenía sobre el escritorio. No sabía para qué estaba ahí porque ella no fumaba, pero casi se lo tiró, modo Susana Giménez contra Humberto. Se imaginó siendo ella en ese momento, pero dejó la escena solamente en su imaginación. En cambio, tomó varias hojas y las empujó hacia el borde del escritorio. —Porque quiero hablar de esto primero con usted, señor. Damián bajó los ojos. —¿Qué encontraste? —No te hagas el sorprendido. Él volvió a mirarla. —No me estoy haciendo nada. Valentina se levantó. El dolor de espalda seguía ahí, recordándole el sillón, la ventana abierta y la maravillosa noche que había pasado mientras su esposo hacía quién sabía qué en otra habitación. Pero todavía no. Primero el hotel. —Las reparaciones no son casuales. Damián no respond
Última actualización : 2026-09-23 Leer más