Un silencio sepulcral invadió de golpe el majestuoso despacho. El penetrante olor a mentol y eucalipto ya no bastaba para ocultar el aroma a pánico que brotaba por cada uno de mis poros. Mi corazón latía desbocado, golpeándome el pecho como un tambor de guerra. Y, para mi desgracia, la oreja de Kenzo estaba pegada justo ahí, registrando el ritmo acelerado de mi pulso sin perderse un solo detalle.—¡Es… es que me asusté, jefe! —dije presa del pánico, intentando retroceder por instinto—. La abuela Soraya entró de repente y luego usted se levanta y me agarra del cuello. ¿Quién no se pondría tensa en una situación así?Intenté volver a impostar la voz, imitando ese tono nasal tan característico de una mujer madura de pueblo aterrada. Sin embargo, la mano de Kenzo apretó mi hombro con más fuerza, arrugando la tela basta de mi holgada túnica.—Una buena excusa —murmuró Kenzo con frialdad. La comisura de sus labios se curvó en una sonrisa cínica y escalofriante—. Pero olvidas una cosa, Calis
Terakhir Diperbarui : 2026-09-03 Baca selengkapnya