"¡Achu-u-u!"El estornudo de Kenzo rompió el silencio de aquella imponente oficina. De inmediato, se sacó un pañuelo del bolsillo del saco y se limpió la nariz con una mueca de evidente molestia.—¡Calista! ¿Te bañaste en un tazón de pomada mentolada o qué? ¡Aléjate de mí! —exclamó Kenzo mientras manoteaba en el aire.Me quedé helada al lado de su escritorio y detuve lo que estaba haciendo.—Ay, jefe. Esto es por salud. En el auto, la abuela Soraya no paraba de preguntarme por mi estado físico. Tuve miedo de desplomarme del cansancio, así que me unte un poquito de más en el cuello y en el pecho.—¿Un poquito de más, dices? —Kenzo se frotó la nariz, que ya estaba al rojo vivo—. ¡Toda esta habitación apesta a eucalipto y mentol! ¡Hasta me arden las fosas nasales!—Bueno, si tanto le molesta, mejor me salgo. Espere, me quedo afuera junto a la puerta —dije mientras daba media vuelta y comenzaba a retroceder a pasos lentos.—¿Y quién te dijo que te fueras de la habitación? —rezongó Kenzo d
Última actualización : 2026-09-01 Leer más