—Sí, jefe, ya voy —respondí de inmediato. Mis manos se apresuraron a tomar su camisa, pero me fue imposible concentrarme en la tarea ante la visión de su cuerpo. Un pensamiento travieso cruzó mi mente: «Un rozón rápido no le hace daño a nadie». Al instante me di un golpe en la frente: «¡No, no! ¡Eso sería una falta grave! A la anterior sirvienta la despidieron por querer pasarse de lista, y a él no le gustan las coquetas».—¡Calista, date prisa! —exclamó el jefe Kenzo.—S... sí, jefe —balbuceé, apresurándome a desabrochar los botones de su camisa uno a uno.—Veo que eres hábil, aunque un poco lenta. Mañana quiero que seas más ágil. Habrá un bono para ti si lo haces bien —comentó el jefe Kenzo, evaluando mi desempeño.«Qué considerado», me dije en un murmullo interno, mientras un rubor repentino me encendía las mejillas.Terminé de abrochar los últimos dos botones cerca del cuello. Tan pronto como acabé, di dos pasos hacia atrás y exhalé un profundo suspiro de alivio.—Listo, jefe. Tod
Última actualización : 2026-08-28 Leer más