Al comenzar el segundo mes de embarazo, Sara se despertó y, al ver su sopa de pescado favorita, sintió náuseas repentinas y corrió al baño, donde pasó un buen rato con arcadas. Rodrigo, que acababa de regresar del gimnasio, la siguió de inmediato. Se arrodilló a su lado y le acarició suavemente la espalda. —¿Qué olor le resulta insoportable? —preguntó, comprendiendo que los síntomas del embarazo habían comenzado. Sara aceptó su ayuda para incorporarse: —El pescado tiene un olor que me repugna. No puedo comerlo. Rodrigo pidió de inmediato que cambiaran el desayuno, pero ella siguió vomitando. Al final, solo toleraba una papilla suave y sin sabor; todo lo demás la hacía vomitar. La tía que cocinaba se sentía culpable: —Señor, perdóneme. Ha sido mi culpa por no prepararlo bien. —No es culpa suya. De ahora en adelante, encargue otra persona de la cocina. Rodrigo contrató a un chef tras otro, pero nada funcionaba. Tras diez cocineros distintos, Sara seguía vomitando. En apenas dos semanas
Última actualización : 2026-08-25 Leer más