Al descender del avión, Sara sintió de inmediato el impacto del frío: veinte grados bajo cero. Su aliento se condensaba en una nube blanca ante ella. Rodrigo la esperaba fuera del vehículo y la abrazó con fuerza.—¿Tienes frío? ¡Entra rápido! Aún faltan cinco horas para llegar al lugar desde donde veremos la aurora boreal.Había alquilado una caravana de lujo. Al entrar, Sara sintió que recuperaba la vida. Se quitó el pesado abrigo de plumas, se acercó a la ventana y, con el dedo índice entumecido, escribió lentamente, trazo a trazo, el nombre de Rodrigo sobre el cristal empañado. Él, sonriendo, se quitó los guantes y junto al nombre de ella escribió el suyo. Ambos nombres quedaron trazados uno al lado del otro, esbeltos y claros. Sara, con los ojos brillantes, tomó una fotografía y dijo:—Envíala al grupo familiar —le pidió él.—¿Tú también? —respondió ella, sin saber si sonreír o quejarse.—¡Envíala ya! ¡Mi padre se burlará de mí si no lo haces!Anselmo, al recibir la imagen, la apa
Última actualización : 2026-08-25 Leer más