Adelaide despertó sobresaltada una vez más. Esa noche no había compartido la cama con Gustavo, sino que había dormido abrazando a Wesley. Empapada en sudor frío, recordó con claridad el sueño: en él aparecía Víctor, antiguo colega de Gustavo, mirándola con frialdad.—¿Quién les dijo que terminaran? —le decía él con voz gélida—. ¿Acaso ya no quieres el trasplante de corazón para tu madre? Además de mí, ¿quién más podría conseguir un donante compatible?En su sueño, Adelaide lo miraba impotente, suplicando sin hallar consuelo.—Ya que decidiste alejarte —continuaba él—, entonces tu madre tendrá que renunciar a ese corazón.Al despertar de golpe, su movimiento despertó al niño.—¿Mamá, qué te pasa?Adelaide recuperó pronto la compostura:—No es nada, hijo. Solo ha sido una pesadilla. Perdona el susto.Wesley la abrazó con ternura:—No tienes por qué disculparte. Si me abrazas mientras dormimos, ya no tendrás miedo.El corazón de Adelaide se llenó de una calma repentina. Lo atrajo hacia s
Última actualización : 2026-08-25 Leer más