Fue, sin duda, la comida más extraña que Sara había compartido jamás.Adelaida, sentada a su izquierda, comía en silencio y con la mirada baja; frente a ella, dos personas —una grande y otra pequeña— la observaban fijamente.En ocasiones, Sara se veía obligada a fingir ternura hacia Rodrigo.—Querida... páseme su teléfono.Sara obedeció y se lo entregó. Con total naturalidad, él le dio la vuelta a la funda, dejando a la vista que las de ambos eran idénticas. Algo que no pasó desapercibido.—¿No es precioso, Wesley?El niño frunció el ceño con desdén. —Tío... qué cursi. Son simplemente fundas a juego. Eso es cosa de gente mayor.Gustavo lanzó una mirada impasible y apartó la vista de inmediato, como si algo tan superficial no mereciera su atención.Adelaida, por su parte, sonrió con educación: —Se ven muy bien, las fundas a juego.Sin embargo, Rodrigo parecía insatisfecho; esperaba una reacción más entusiasta.Bajo la mesa, Sara no pudo contenerse y le propinó un puntapié. —¡Deme su te
Última atualização : 2026-08-22 Ler mais