El horario laboral había acabado, Haruki se había ido derecho a su pent‑house, Hikara, en cambio, se quedó un rato más apoyado contra la baranda de la terraza ejecutiva de la empresa, mirando la ciudad desde la altura, allí estaban, las dos caras del mismo apellido, Haruki, quien era un obsesivo del orden, con la agenda organizada al segundo, y la cama siempre fría, porque sus relaciones eran como sus contratos, claras, breves, sin cláusulas ambiguas, nunca duraban más de una semana, jamás pasaba más de una noche en la misma cama, en el mismo hotel, y por supuesto, nunca hacia promesas a futuro.En cambio Hikara, era otra cosa, aunque vivía rodeado de lujo igual que su hermano, Hikara más lo usaba como parque de diversiones, a sus treinta años estaba llenos de conquistas, nombres que se mezclaban entre sábanas y risas, llantos y escenas, gracias a esas mujeres que se creían salvajemente libres, hasta que él empezaba a moldearlas, horarios, gustos, obediencia, pues a Hikara le encantab
Última actualización : 2026-08-04 Leer más