FAZER LOGINHola queridas lectoras, espero que la historia les este gustando, espero sus comentarios
Al principio se dijo que era por el estrés y tenía sentido, había llorado, había dormido mal, había vivido entre sobresaltos, humillaciones y ausencias., y el cuerpo a veces reaccionaba así cuando la mente ya no podía sostener más dolor. Pero los días siguieron pasando, luego las semanas, y el sangrado no llegaba.Sabrina intentó ignorarlo.Se obligó a no contarlo, a no pensarlo, a no mirar el calendario con esa mezcla de superstición y temor que le hacía sentir ridícula. Se convenció de que no significaba nada, de que seguramente todo volvería a la normalidad en cuanto el estrés cediera. Se mintió una y otra vez con una disciplina casi cruel, porque la posibilidad de estar embarazada era demasiado peligrosa para sostenerla dentro del pecho… Y aun así, el cuerpo comenzó a traicionarla.Primero fueron las náuseas, suaves pero persistentes, llegando por oleadas en los momentos más inoportunos. Después el cansancio, esa fatiga imposible de sacudirse incluso después de dormir, y luego vin
Sabrina ya no recordaba con exactitud cómo había logrado sobrevivir aquellos dos meses.Habían sido semanas largas, incómodas, sofocantes, marcadas por una especie de quietud falsa, que en realidad estaba sostenida por pura vigilancia, por disciplina ajena, y por la fuerza casi inexplicable de quienes se habían quedado a su alrededor cuando el resto del mundo parecía empeñado en derrumbarla. Haruki e Hikara no estaban, y sin ellos el penthouse se había sentido demasiado grande, demasiado silencioso, demasiado expuesto. Pero allí seguían Kaito, con su fría eficiencia y su lealtad afilada como un cuchillo, y Luka, siempre atento, siempre midiendo los bordes del desastre; y, sobre todo, Sora, que se había convertido en una especie de sombra protectora, discreta y constante, el único que parecía notar cada cambio en su respiración, cada sobresalto, cada instante en que Sabrina se quebraba por dentro sin decir una sola palabra.Si no fuera por él, Sabrina estaba segura de que se habría des
Hikara trataba de mantener la calma, lo hacía por orgullo, por costumbre y, sobre todo, por Sabrina.La tenía a su lado, inquieta, hermosa y visiblemente ansiosa, y su instinto más profundo, ese que no sabía fingir cuando se trataba de ella, le exigía ofrecerle refugio incluso en medio del desastre. Porque, aunque acababan de compartir hacer el amor con una desesperación que todavía ardía bajo su piel, él sabía perfectamente que el verdadero nerviosismo de Sabrina no venía de aquello.Venía de Yong.Sabrina ya conocía parte de la verdad, o al menos la versión que Haruki e Hikara le habían permitido conocer, y eso era que Yong Zhao-Bach estaba preso en una prisión de máxima seguridad, acusado injustamente, y ella, con esa fe dulce y obstinada que tenía en la familia de los hombres que amaba, había creído en ellos sin vacilar, porque a sus ojos, ningún Zhao-Bach podía ser un asesino.Pero la preocupación que la consumía ahora también era real, aun para Hikara.Porque definitivamente alg
Haruki se sentía el peor de los hermanos, aunque estaba seguro, qué Hikara había podido devorar un poco a Sabrina, aun así no se perdonaba el hecho de haber estropeado su salida, y es que a pesar de que le ganó a Hikara y consiguió poder tener su oportunidad primero con Sabrina, aun así su hermano fue todo un caballero y no los molestó, ni siquiera envió un mensaje, y ahora él les había tenido que arruinar todo, y por supuesto que no iba a cargar solo con eso, por lo que apenas terminó la llamada se fue contra Luka.—En verdad, eres un maldito bueno para nada, ¿no habías asegurado hace unos días, que estabas a punto de liberar a Yong?Por supuesto que la acusación no quedó solo en palabras, y antes de que Luka pudiera responder, Haruki ya estaba a medio paso de él, y claro que Kaito no iba a permitir que su hermano golpeara a su esposo por las estupideces que hacían los demás.—Basta, detente ahí, es en serio Haruki, no me hagas golpearte.Advirtió la pelinegra con rostro de asesino,
Sabrina en verdad comenzaba a creerse un canario, y es que de pronto de manera fugaz, no pudo contener ese pensamiento, porque la forma en que Haruki, la veía, como la observaba, la seguía, aunque siempre mantenía la distancia, se asemejaba a como si fuese un gato al acecho, que de pronto ante el más mínimo descuido saltó sobre ella y la devoró.Mientras que Hikara, Hikara se asemejaba a un gato juguetón y travieso, de ese estilo de gato que le gusta corretear a su presa, Sabrina sentía que durante todo ese tiempo había estado en las manos de Hikara sin darse cuenta, hasta que ahora al fin el gato había decidido comerse al canario.— Dios mío.Dijo casi con miedo, y es que Hikara la había sujetado de los muslos, la había elevado, obligándola a poner sus piernas alrededor de su cintura, y había pegado la espalda de Sabrina con demasiada fuerza contra el cristal.—Tranquila, te prometo que el cristal no se romperá, y tú tampoco pequeño canario.Sabrina no pudo evitar temblar, no sólo por
Hikara se pasó la lengua por los labios, como si acabara de descubrir algo que no esperaba y, al mismo tiempo, le encantara.—No estoy preocupado —murmuró, casi para sí mismo, y es que, por supuesto durante todo ese tiempo tanto Hikara como Haruki habían cuidado no solo de la salud de Sabrina, sino también de su bienestar físico, incluso en una ocasión la rubia se había golpeado el dedo pequeño con un mueble e Hikara se encargó de destruirlo— Estoy seguro de que sea lo que sea que te sucedió, Haruki se encargó bien de ti.Sabrina lo miró, confundida y él sonrió, despacio.—Solo me pregunto… si gritaste.Sabrina no se atrevió a preguntarle a su jefe a qué se refería, porque de una u otra forma encontraba en el tono de voz de Hikara ciertas notas de seducción, y eso la confundía, porque Haruki la contenía, pero Hikara la encendía.Y Sabrina, contra toda lógica, parecía responder a ambos de un modo que le resultaba cada vez más imposible de controlar.Cuando llegó la noche, y quedaban po







