VictoriaAdán se apartó sin prisa. No hubo caricias ni miradas. Se puso de pie y se reacomodó el pantalón con una calma fría, como si nada hubiera pasado. Desató la seda de mis muñecas y me tiró una toalla encima del pecho.—Lávate —dijo con voz neutral—. Cuando termines, baja.Salió del ático. Me vestí a prisa, con el cuerpo temblando y la piel ardiendo bajo la ropa. Al bajar por el ascensor privado hasta el vestíbulo del salón principal, Adán estaba de pie, de espaldas, sosteniendo un vaso de cristal.—Debes irte —sentenció sin girarse, dando un sorbo lento—. Aquí ya no tenemos nada más que hacer.El descarte dolía más que cualquier marca. Salí en silencio, sintiéndome la criatura más usada y humillada sobre la tierra.Al llegar al auto, cerré la puerta de golpe. Apoyé la frente contra el volante y las lágrimas me brotaron a borbotones, hirviendo de pura rabia.Lloré con furia por la forma en que me desechó y, sobre todo, por el asco de reconocer en qué me había convertido.Me limp
Última atualização : 2026-08-08 Ler mais