(POV Victoria)Miré a Adán al otro lado de la barra de la cocina, con la luz dorada del atardecer recortando la silueta de sus hombros anchos y la seriedad calmada que había adoptado desde hacía dos meses.La niña por fin se había dormido en su sillita, dejándome un respiro que mi cuerpo, ya completamente recuperado de la cesárea, agradecía en silencio. Me crucé de brazos, apoyando la cadera contra el borde de la mesa, y lo analicé con una mezcla de cautela y una extraña extrañeza.Durante sesenta días, Adán había sido un fantasma domesticado.Había cumplido cada turno nocturno, cambiado cada pañal y respetado cada una de las líneas rojas que tracé con uñas y dientes tras el alta.Ni un solo reclamo, ni un solo intento de tocarme más allá de lo estrictamente necesario, ni una sola palabra sobre los errores del pasado o sobre lo que éramos ahora. Se habia convertido en el padre impecable que nuestra hija necesitaba, y en el compañero de piso más irritantemente considerado del mundo.—Y
Última actualización : 2026-09-02 Leer más