A las seis de la mañana en punto, el teléfono privado de Victoria Sterling vibró sobre la mesa de noche de su lujoso apartamento en el centro de la ciudad.Victoria abrió los ojos al instante. La pantalla mostraba un número desconocido. Contestó, manteniendo la voz baja y controlada. —Habla Sterling.—¡Señorita Sterling, por el amor de Dios! —la voz del doctor Evans al otro lado de la línea era un graznido agudo, quebrado por un terror absoluto, casi animal—. ¡Está muerta! ¡Se nos murió!Victoria se sentó de golpe en la cama, apartando las sábanas de seda. El corazón le dio un vuelco. —Cálmate, infeliz. ¿Qué quieres decir con que está muerta?—¡Su corazón no lo soportó! —sollozó el médico, hiperventilando, repitiendo exactamente el guion que el diablo le había obligado a memorizar bajo la amenaza de un fusil—. Se resistió a los químicos toda la noche. Su sistema colapsó y tuvo un paro cardíaco masivo antes del amanecer. ¡Intenté reanimarla, se lo juro, pero ya no había nada que hacer!
Última actualización : 2026-09-26 Leer más