—Está bien, si tanto lo insistes —respondió Sexiola por mensaje a Axelion. Quería ver hasta dónde llegaba la insolencia de aquel hombre. —Si él quiere darme una sorpresa, yo también debo prepararle una para él. ¿No es eso lo justo? Además, ya le he dicho que todo terminó, pero no se da por enterado. Una idea traviesa cruzó rápidamente su mente. Para llevar a cabo su venganza, necesitaba la ayuda de Damien. El teléfono volvió a vibrar. Axelion: Voy a recogerte. Ponte guapa, cariño. Sexiola: Por supuesto. En cuanto entró a la habitación, apagó el teléfono. No quería molestar a Damien con tantas notificaciones ruidosas. Damien ya se había cambiado de ropa. Sexiola se detuvo en seco. No sabía qué versión de él resultaba más peligrosa: con el traje formal imponía respeto y autoridad, pero ahora, vestido con una sencilla camiseta gris que marcaba su ancho pecho y pantalones de tela cómodos, se veía mucho más joven, varonil, y aun así desprendía esa elegancia distinguida que poc
Última actualización : 2026-08-23 Leer más