El polvo blanco del marco roto caía lentamente sobre las zapatillas de Karen, flotando en el rayo de luz que se filtraba por la ventana.Richard seguía de rodillas sobre el suelo de linóleo gastado. Ese hombre robusto de un metro ochenta y el vello oscuro asomándose por el cuello abierto de la camisa arrugada, parecía fuera de lugar en una cocina tan modesta. Su presencia siempre imponente en los pasillos de la inmobiliaria, ahora se hallaba bajo el peso de una vulnerabilidad que él jamás le había mostrado a nadie, solo a ella. Tenía las manos apoyadas en sus muslos, los nudillos marcados y los ojos mirándola, esperando una respuesta.El anillo de platino brillaba en el terciopelo oscuro de la caja abierta, un recordatorio frío y pesado de lo que estaba sobre la mesa.—Levántate —fue lo único que pudo decir Karen. Su propia voz le sonó extraña, filtrada por el nudo que le atravesaba la garganta.—No me voy a mover de aquí hasta que me des una respuesta —replicó él, con la voz ronca, s
Última actualización : 2026-08-26 Leer más