El sonido de los tacones sobre el mármol del piso presidencial sonaba hueco, carente del ritmo exacto y silencioso al que sus oídos se habían acostumbrado. Richard levantó la vista de la pantalla del ordenador. La luz de la tarde filtrada a través de los ventanales de la oficina principal caía sobre los documentos apilados con un desorden que le encendía una vena en la sien.Afuera, Laura intentaba coordinar una llamada con la mesa de dirección de Chicago. La muchacha hablaba con un tono tembloroso, atropellando las palabras, incapaz de retener los nombres de los socios ni el estatus de las carpetas prioritarias. No llevaban ni veinticuatro horas de regreso a la ciudad tras los días en París, y el piso ya parecía un mecanismo desajustado.Richard se pasó una mano por la nuca, sintiendo el peso seco del cansancio. En su mente todavía parpadeaban los destellos de la capital francesa, la intimidad densa de las mañanas envueltas en sábanas revueltas, y la forma en que Karen, con su inteli
Última actualización : 2026-08-29 Leer más