Una vez que la llamada terminó, el pasillo volvió a sumirse en el silencio. En medio de aquella quietud, algo comenzó a desmoronarse por completo: la red de mentiras de Isabella. Apenas veinte minutos después, el teléfono volvió a sonar. Magnus respondió, escuchó durante unos breves segundos y luego colgó, clavando la mirada en Isabella, quien aún seguía temblando sobre la camilla.—Las cámaras de seguridad del Hotel Luxe, al sur de la ciudad, te captaron saliendo de la misma habitación que un hombre entre las seis y las ocho de la mañana —dijo Magnus, haciendo una pausa para enfatizar sus palabras—. Ya envié a mi gente para capturarlo.Isabella se quedó sin fuerzas, como si toda la energía hubiera abandonado su cuerpo. Se deslizó de la camilla y cayó de rodillas al suelo, aferrándose a la pierna de Magnus.—Mi amor… me equivoqué… Sé que cometí un error… Yo no quería hacerlo, pero él me obligó. Dijo que, si no me acostaba con él, te contaría todo sobre nuestro pasado. No tuve otra opc
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