Alexander regresó a la habitación. La otra joven seguía allí, sentada en un rincón del sofá. Él la observó con evidente fastidio, acomodándose los puños de la camisa. —Tu amiga se fue muy contenta —dijo mientras caminaba hacia la mesa de centro—. Es increíble lo que unas pocas monedas hacen por la gente como ustedes. Se sirvió un vaso de whisky. —¿Quieres beber? —No —murmuró ella con un hilo de voz. Alexander arqueó una ceja, chasqueando la lengua con desaprobación. —Te ofrezco un trago caro y me lo rechazas. Pero, ¿qué puedo esperar de una mujer como tú? Sabes, ramera, me aburrí de tus lágrimas. La joven se levantó torpemente. Su aspecto estaba completamente deshecho, la ropa desordenada y el rostro visiblemente hinchado por los golpes recibidos horas antes. Alexander dio dos pasos rápidos, la tomó con fuerza del rostro, hundiéndole los dedos en las mejillas. —Espero que puedas mantener esa boca cerrada, porque no querrás perder la lengua, ¿entiendes? Ella asintió frenéticam
Última actualización : 2026-08-22 Leer más