“Joder”, gimió él, y como si no pudiera esperar ni un minuto más, la arrastró fuera de la silla, la hizo girar para tenerla de frente y bajó la cabeza, lanzando su boca a lamer y luego chupar la mousse de su pezón derecho hasta que ella dio un grito. “Sabes la palabra de seguridad”, dijo él, y volvió a chupar. “Si soy demasiado brusco, dila, deténme”.“No voy a decirla. Lo quiero exactamente así”, dijo ella, y los dedos de él buscaron a tientas su otro pezón, torpes en su prisa por tocarla, de modo que el encaje que ella había cosido se rasgó y se desprendió del vestido, tal como él había predicho.Él se apartó, respirando con dificultad, y cuando ella miró hacia abajo para ver lo que él había hecho, tuvo que admitir que nunca en su vida se había visto tan lista para que se la follaran. El encaje roto de un lado dejaba su pezón completamente al descubierto; el otro lado, con un volante manchado de chocolate, dejaba entrever el pezón. Parecía la personificación del exceso sexual.“¿Es
Última actualización : 2026-09-08 Leer más