Cada barrida era como una bofetada a su orgullo.Sebastián permanecía junto al auto, a poca distancia, observando la escena con una mirada difícil de descifrar.Tal como había prometido, Valeria apareció.No se acercó a Camila. En cambio, cruzó la calle y buscó un lugar a la sombra.El asistente de Adrián le llevó una cómoda silla plegable, una bolsa grande de semillas de girasol y una botella de agua helada.Valeria se acomodó, cruzó las piernas y empezó a comer semillas con toda tranquilidad.Parecía completamente concentrada en lo suyo.Solo que las cáscaras, como por casualidad, iban cayendo junto a sus pies.Y cada vez que soplaba el viento, terminaban justo en las zonas que Camila acababa de barrer.Camila limpiaba un tramo, se daba la vuelta y encontraba otro pequeño montón de cáscaras cerca de Valeria.Y Valeria, tan tranquila como siempre, hasta agitaba la bolsa en su dirección como si quisiera animarla.—¡Valeria!Camila respiraba con fuerza y apretó el mango de la escoba con
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