La oscuridad olía a piedra mojada y sangre vieja.El olor se me clavaba en la garganta con cada respiración, denso y metálico. La mano de Lina permanecía entrelazada con la mía mientras corríamos; sus dedos estaban fríos y temblorosos. El túnel era estrecho, el techo tan bajo que tenía que mantener la cabeza agachada. Cada pocos pasos, la marca en mi muñeca palpitaba.Se suponía que la distancia frenaría la maldición. Eso me había dicho Darius, lo que prometían los textos antiguos. Pero los números seguían cayendo, implacables, como si la maldición hubiera probado mi confesión y la hubiera encontrado demasiado dulce como para dejarla ir.—Lina, reduce —jadeó ella—. No puedo——No podemos parar. Si paramos, nos alcanzan.La tiré con más fuerza, ignorando el ardor en mis pulmones, el dolor en mis piernas, el escozor del hombro donde la reja oxidada me había desgarrado. El túnel se extendía interminable.A nuestras espaldas, los sonidos de la pelea ya se habían desvanecido. O bien la piedr
Última atualização : 2026-08-09 Ler mais