Aguanté cuatro minutos detrás de la puerta enrejada.Entonces oí rugir a Darius, ni humano ni del todo lobo, y el sonido de un cuerpo golpeando la piedra con tanta fuerza que la hizo resquebrajarse. Algo en mi pecho me tiró con tanta violencia que me tambaleé. Como si la maldición nos atara con una cuerda.Lina me agarró del brazo, pálida.—Te dijo que te quedaras. Dijo que no salieras.—Lo sé.Abrí la puerta de todos modos.El ala privada era un matadero. La sangre pintaba las paredes en arcos espesos. Tres de los lobos de Kane yacían destrozados en el piso, con el cuello roto. Darius se encontraba en medio de los cuatro restantes, sin espada, luchando con las manos desnudas y con dientes que se habían alargado hasta convertirse en algo ajeno a la boca humana. Un profundo corte le recorría desde el hombro izquierdo hasta las costillas. La sangre empapaba su costado y goteaba al mármol.Me vio y sus ojos brillaron con un dorado puro, lleno de furia.—¡Regresa adentro! ¡Te di una orden!
Última actualización : 2026-08-09 Leer más