Aquella tarde, mi mejor amiga, Layla, me llevó casi a rastras a tomar una copa de despedida. Justo cuando levantaba su vaso para felicitarme por haber terminado por fin aquella relación tóxica, mi teléfono vibró. Era una llamada de la asistente del Consejo.—Tienes que volver a la oficina, Jade. Ahora mismo.Agarré mi abrigo y dejé un fajo de billetes sobre la mesa. Layla no preguntó nada. Solo me sostuvo del brazo un instante antes de decir:—Ve.Cuando llegué al Consejo, vi a muchos empleados de menor rango amontonados en el pasillo frente a mi oficina. Se hicieron a un lado para dejarme pasar y el ambiente parecía el de una procesión fúnebre.Sapphire estaba junto a la puerta dando órdenes a gritos. Mis archivos, que contenían años de investigaciones, resultados de negociaciones y contratos que tanto trabajo me habían costado, estaban esparcidos por el suelo como basura. Dos lobos musculosos se esforzaban por llevar mi escritorio hacia el ascensor.—Alto. —Fui rápidamente haci
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