—Esto... esto es una irregularidad —balbuceó el inspector, apagando la linterna—. Si el sistema está caído, no puedo certificar la apertura. Voy a ordenar el precintado de emergencia del muelle hasta mañana a las ocho de la mañana.Los dos mercenarios rusos se detuvieron a pocos metros, apretando los dientes con rabia al ver que el inspector retrocedía hacia la patrulla de la aduana. Uno de ellos llevó la mano al costado de su cinturón, dispuesto a intervenir antes de que la carga fuera bloqueada por la burocracia.Nikolai se giró despacio hacia los dos hombres, colocándose directamente en su línea de visión. Les sostuvo la mirada con una frialdad tan absoluta, tan desprovista de vacilación, que los dos matones se congelaron en su posición. En los ojos del guardaespaldas no había el pánico de un empleado corporativo, sino el reconocimiento implacable de alguien que conocía al detalle las reglas de guerra del sindicato de Vladivostok.—Díganle a su jefe en el puerto que la carga no se
Última atualização : 2026-08-26 Ler mais