Cuando oí la llave girar en la cerradura, estaba guardando las últimas prendas en la maleta.Luis y Laura entraron con unas máscaras de esnórquel en la mano.Laura fue la primera en ver el abrigo sobre el sofá. Se quedó inmóvil un par de segundos y luego soltó una carcajada.—Luis, págame —dijo entre risas, señalando mi maleta—. Te dije que se enojaría y que empacaría ropa de invierno para asustarnos.Apoyado en el marco de la puerta, Luis le transfirió el dinero con una sonrisa resignada.—Está bien, ganaste.Guardó el celular, se acercó a mí y levantó la mano para acariciarme el cabello.—Victoria, ya compré otro boleto. Esta vez sí nos pasamos, así que no sigas enojada, ¿sí? Saca toda esa ropa de invierno; no te servirá en Bahía Luminara.Me hice a un lado para esquivar su mano.Luis dejó la mano suspendida en el aire y frunció ligeramente el ceño.—¿De verdad vas a hacer un drama por esto?Cerré la maleta y extendí el asa.—No voy a ir. Que se diviertan.Laura perdió la sonrisa por
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