La residencia de los Sanz, ubicada en una de las zonas más exclusivas de Madrid, vestía esa noche una calidez atípica para el ámbito corporativo. Sahara se había encargado personalmente de los detalles: luces tenues, una mesa adornada con flores silvestres y una mantelería que invitaba a la conversación distendida.En la mesa, Mateo y Sahara rodeaban a Farah de atenciones constantes. Mateo se aseguraba de que su plato estuviera servido a tiempo con las mejores porciones, mientras Sahara animaba la velada con anécdotas ligeras sobre los tropiezos de la familia en sus viajes de juventud.Por su parte, Santos atendía cada necesidad de Farah con una delicadeza casi imperceptible pero absoluta. Observaba el ritmo de sus gestos, sirviéndole agua antes de que ella lo pidiera y ajustando sutilmente el cojín de su silla para asegurarle la máxima comodidad. La devoción de Santos no era ruidosa, sino constante como un muelle seguro.En un momento de la velada, cuando la conversación se trasladó
Última atualização : 2026-09-20 Ler mais