AlaricEl cristal del ventanal de la suite retumbó levemente con el impacto seco de mi vaso de whisky contra la mesa de centro. Las palabras de Santos Sanz aún resonaban en mi cabeza como un eco ensordecedor, marcando cada rincón de mi cerebro con una amargura punzante: Farah no es su mujer. Ya no lo es.La furia me devoraba por dentro, un fuego helado que ya no buscaba desbordarse en gritos ni en violencia absurda, sino en una ejecución fría, metódica y absoluta. Lucía Herrera creyó que podía drogarme en un bar, montar un teatro fotográfico y usar la vida de mi hijo como moneda de cambio para extorsionarme. Creyó que el apellido Grimaldi se doblegaría ante un chantaje de prensa rosa.Se equivocó de manera catastrófica.—Ronan —llamé con voz de mando, helada y cortante, sin desviar la mirada de las luces nocturnas de Madrid.Ronan, que revisaba varios expedientes en la mesa de juntas de la suite, levantó la cabeza de inmediato.—Dime, Alaric.—Comunica a nuestro buffet principal en Lo
Última actualización : 2026-10-03 Leer más