Tras abandonar el salón de banquetes, conduje hasta la residencia del Alfa, en los límites del bosque. Era el hogar que Killian había preparado para nosotros, donde viviríamos como compañeros, y la residencia más segura en todo el territorio de la manada. En el sótano había un arsenal de plata, el garaje conectaba con una ruta privada de patrullaje y la habitación principal, en el último piso, tenía ventanales que iban del piso al techo con vista a todo el bosque.Killian me había prometido en el pasado que, tras la ceremonia, este sería nuestro hogar. Presioné el dedo contra el escáner biométrico. «Acceso denegado», leí. Lo intenté de nuevo y el resultado fue el mismo; no obstante, la puerta se abrió desde el interior. Zane, el Beta de Killian, se encontraba al otro lado.—Freya... —alcanzó a decir.No respondí. Miré hacia el interior de la casa y me di cuenta de que habían transformado la sala por completo. Mi mesa de dibujo estaba arrinconada y cubierta con una sábana para el polvo;
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