Caminábamos descalzos sobre la hierba cuando arrancó un girasol de la planta y me lo ofreció. Lo tomé sonriendo y me lo coloqué en el cabello.—¿Cómo me veo? —pregunté.—Muy bonita, como siempre. Me encanta el amarillo en ti —dijo, y volvimos a caminar, con mi mano entrelazada en la suya.Al oír una tos detrás, nos dimos la vuelta y encontramos al señor y a la señora Beranov de pie, observándonos.—¿Disfrutando el clima, pajaritos? —bromeó el señor Beranov.Sonreímos y nos acercamos.—¿Cómo te sientes ahora? —preguntó la señora Beranov, besando a Pavel la mejilla.—Me siento mucho mejor ahora, mamá —respondió Pavel sonriendo.—Entonces díganme, pajaritos, ¿cuándo me haré abuelo? —volvió a bromear el señor Beranov, y un rubor me subió rápidamente a las mejillas. Miré a Pavel: ya me sonreía.—Papá, si dependiera de mí, ya tendrías diez hijos —bromeó Pavel, y yo me quedé horrorizada.—¡No, Pavel! —jadeé, entre divertida y asustada.—¿Qué? ¿Quieres más, esposa? —preguntó Pavel con una son
Última actualización : 2026-10-06 Leer más