Sus labios, su lengua, sus manos… todo en él se movía con un propósito: hacerme perder la razón.Cada beso bajaba un poco más, marcando un camino ardiente por mis costillas, mis caderas, mi vientre. Todo mi cuerpo parecía encenderse bajo su toque.Cuando sus labios llegaron a mi cadera, me mordió suavemente antes de calmar la piel con su lengua. Un gemido se me escapó. Mi mente decía que debía detenerlo, pero mi cuerpo suplicaba lo contrario.Cerré las piernas, temerosa de lo que vendría, pero él solo deslizó su mano entre ellas, acariciando con lentitud el interior de mis muslos. Su toque era cálido, paciente, y poco a poco mis piernas cedieron. Me sentí temblar, no de miedo, sino de una expectación que me consumía.—Pavel… —susurré, sin saber si pedía o rogaba.Él soltó una risa baja, rozando mis labios con los suyos, burlón, seguro, como si disfrutara de mi rendición.—Dime qué quieres, nena —murmuró con voz grave.Cerré los ojos, sin poder responder. Solo sabía que lo necesitaba m
Última actualización : 2026-10-08 Leer más