El vacío era absoluto. Una oscuridad pesada que descansaba sobre mis hombros como mantas de lino empapadas. No había suelo. No había cielo. Solo ese negro infinito que, extrañamente, no aplastaba. Sostenía. Y no sentía miedo. Sentía una presencia. —Amada mía... La voz no llegó a mis oídos. Vibró directo en mi pecho, como si mi corazón hubiera sido creado únicamente para escucharla y recién ahora recordara cómo hacerlo. Era una melodía antigua, dulce, cargada de una paz anterior al tiempo. Quise moverme. Buscarlo. Pero mi cuerpo era miel: lento, pesado, incapaz de obedecerme. —Sabes que te amo más que a mi propia vida —continuó la voz, ahora más cerca, cálida contra mi nuca—. Hoy y siempre será así. Desde el primer instante en que respiraste supe que serías mi otra mitad, mi alma gemela. Aunque para algunos nuestra unión estuviera marcada por lo prohibido... jamás me importó. Sentí una caricia invisible sobre mi mejilla. Una mano tibia. Real. Demasiado real para ser un sueñ
Última actualización : 2026-08-28 Leer más