Valentina llegó con la lista impresa. Una hoja A4 con cuatro puntos enumerados, el tipo de documento que uno lleva a una reunión cuando quiere dejar claro que llegó preparado y que no va a negociar de memoria. La secretaria la hizo pasar al mismo estudio de la vez anterior, y Valentina eligió, esta vez, sentarse. Cruzó las piernas, apoyó la carpeta sobre el muslo y decidió que si Sebastián Villanueva iba a hacerla esperar, por lo menos iba a encontrarla cómoda.La hizo esperar exactamente cuatro minutos. Valentina los contó. No porque le molestaran, sino porque contarlos era mejor que pensar en lo que iba a firmar cuando terminaran.Él entró con una carpeta bajo el brazo y una camisa idéntica a la del martes, aunque esta vez sin ninguna mancha en el cuello. Afuera, en el jardín que ella había visto desde la ventana la primera vez, alguien estaba podando en silencio. Valentina notó que lo notaba, lo de la camisa. Decidió no seguir por ese camino.—Valentina.—Sebastián. —Usó su nombre
Última actualización : 2026-09-04 Leer más