El silencio del otro lado de la línea fue breve, pero pesado como una losa de piedra. Don Aurelio tardó unos segundos en volver a hablar, y por primera vez en toda la llamada, la calma pulida de su voz dejó ver una leve grieta de vacilación. —¿De qué estás hablando, Elena? —preguntó su padre, apretando las palabras entre los dientes. —Hablo de que te confiaste, Aurelio —respondió Elena, manteniendo la mirada fija en el humo negro que ascendía a lo lejos, devorando la madera seca del viejo granero—. Pensaste que esa noche yo solo era una muchacha aterrorizada que corría por su vida en medio de la tormenta. No te imaginaste que, antes de escapar, registré cada rincón de ese lugar y me llevé los folios originales guardados en el doble fondo de la caja de roble. Al lado de Elena, Don Héctor la miró con una mezcla de sorpresa y profundo orgullo. Las llamas del incendio a lo lejos iluminaban los contornos de sus rostros, pero la desesperación no tenía lugar en los ojos de Elena; solo
Zuletzt aktualisiert : 2026-10-14 Mehr lesen