El eco de las sirenas de la policía federal se fue apagando a lo lejos, dejando un silencio sepulcral en el gran vestíbulo de la Hacienda Los Encinos. Los criados habían desaparecido, y Valeria ya se había marchado entre gritos y amenazas vacías, arrastrada por la ley.En medio de las baldosas de mármol, solo quedaban dos personas: Elena, con su imponente traje de alta costura y una mirada que destellaba el poder absoluto de quien ha vuelto del infierno, y Don Héctor, el patriarca que había construido un imperio sobre el miedo, ahora rendido ante la única mujer que logró doblegarlo.El viejo estiró la mano para tocarla, pero Elena dio un paso atrás. El movimiento fue tan sutil como cortante.—No tan rápido, Héctor —dijo ella, con una voz cristalina que hizo eco en las paredes de la mansión.Don Héctor detuvo la mano en el aire, arqueando una ceja oscura. Una sonrisa lenta, de depredador fascinado, se dibujó en las comisuras de sus labios.—¿Creíste que el juego terminaba con la caída
Last Updated : 2026-10-11 Read more