Horas después, Lorna despertó envuelta en sábanas que no olían a hogar.Olían a detergente caro, a pulcritud obsesiva, a una limpieza tan perfecta que resultaba hostil. Abrió los ojos despacio, con el cuerpo aún rígido, como si temiera que al moverse alguien apareciera para recordarle que no estaba allí por voluntad propia.La habitación era enorme. Demasiado. Tenía techos altos, cortinas gruesas, muebles de líneas elegantes y frías. No había fotos, ni recuerdos. Nada que indicara que alguien hubiera vivido allí antes con amor.Sobre una mesa, perfectamente alineados, había frascos de medicamentos, vendas limpias y una bandeja de plata con una jarra de agua.Y sus manos.Lorna las levantó con cuidado. Ambas estaban vendadas, envueltas en gasas blancas que ya comenzaban a mancharse de rosado. El dolor llegó tarde, como siempre. Primero fue una punzada aguda, luego sintió ardor profundo. Bastó pensar en ella para que se reavivará el martirio del dolor.Recordó el barco, la vida que tuv
Última actualización : 2026-10-04 Leer más