Tengo una ruta favorita de librerías en mi ciudad que siempre recomiendo a quien me pregunta por «El Perfumista». Empiezo por mirar en las grandes cadenas porque suelen tener stock o pueden pedirlo: Casa del Libro, Fnac y El Corte Inglés suelen aparecer en los primeros resultados y permiten reservar en tienda o recoger en puntos de entrega. Si prefieres tocar el libro antes de comprar, estas tiendas físicas me salvan muchas veces.
Cuando no lo encuentro allí, intento en librerías independientes y en la web «Todostuslibros», que localiza ejemplares en librerías españolas; muchas veces descubro ediciones agotadas o traducciones distintas. Para ediciones descatalogadas o de coleccionista busco en IberLibro (AbeBooks) y en Todocoleccion, donde aparecen vendedores de toda España y resto de Europa.
Si me corre prisa, acabo recurriendo a Amazon.es por la comodidad y a las plataformas de libros digitales: Kindle o Kobo si la edición existe en e-book. También dejo constancia en mi biblioteca pública local: si tienen ejemplar me ahorro la compra, y si no, suelen poder conseguirlo por préstamo interbibliotecario. En fin, dependiendo de si quiero nuevo, usado o digital, hay varias vías; a mí me encanta comparar precios y, cuando toca, apoyar a una librería pequeña del barrio.
Me atrapó la prosa desde el principio y, en mi experiencia, la traducción al español de «El perfume» logra transmitir gran parte del magnetismo oscuro del original. Leyéndolo, sentí que las descripciones olfativas —esas listas casi obsesivas de aromas— se mantienen vivas y poderosas; no es fácil trasladar una novela tan sensorial y sin embargo muchos pasajes conservan ese ritmo envolvente que obliga a seguir leyendo. Hay momentos en que la cadencia de las frases largas pierde algo de su armonía original, pero eso ocurre más por las limitaciones naturales del paso de un idioma a otro que por pobreza del traductor.
También noté que la carga histórica y el humor mordaz del narrador sobreviven en la mayoría de las ediciones: hay ironía, repeticiones deliberadas y construcción de suspense que funcionan muy bien en español. Si acaso, lo que puede variar según la edición es el grado de arcaísmo o la elección de vocablos menos comunes; eso hace que algunas versiones suenen más «clásicas» y otras más directas y contemporáneas.
En conjunto, recomendaría leerlo en la versión en español si no manejas alemán: la novela sigue siendo poderosa, perturbadora y exquisitamente descriptiva. A mí me siguió removiendo cosas después de cerrar el libro, así que diría que la traducción cumple con creces su misión.