Tras su preferidaDesde que me casé con Julián Mendoza, él puso punto final a todas sus andanzas.
Para todos, yo era la mujer que había ‘domado’ al ‘playboy’, y mi vida familiar era la envidia.
Hasta el día de nuestro noveno aniversario, cuando vi por accidente los mensajes en el grupo de chat con sus amigos:
“Oye Julián, ¿qué tal la experiencia de ayer en el Bentley con tu compañera de universidad?”
“Lo hemos probado en todos lados. Está locamente enamorada de mí.”
Debajo había una foto íntima de ellos, y el grupo se llenó de comentarios calientes, felicitándolos entre risas y bromas.
Miré la pantalla y un dolor punzante me atravesó el corazón. De pronto lo entendí: toda aquella felicidad a mi lado no era más que un montaje perfectamente preparado.
Me quedé sentada, inmóvil, toda la noche, esperando su regreso. Cuando al fin Julián llegó, trayendo un pastel de celebración, no pude evitar soltar una risa fría.
—Ya lo sé todo. ¿No te cansa fingir?