LOGIN—Padrino, ¿así es la postura correcta? Estábamos en el Club Deportivo y le enseñaba a mi ahijada la técnica para entrar al agua. Briseida se inclinó, dejando su trasero bien firme en alto, y sin querer terminó rozando mi paquete. Sentí un corrientazo, una sensación eléctrica que me sacudió. Pero lo que más me excitó fue lo que pasó después de que saltara. Como era malísima para nadar, empezó a chapotear con desesperación en cuanto entró al agua y, entre tanto ajetreo, se le soltó el hilo del bikini. Me lancé de inmediato a rescatarla. Ella forcejeaba y se aferraba a mí con todas sus fuerzas, haciendo que se la rozara una y otra vez. Y lo más increíble era que su padre estaba ahí mismo, observándonos a un lado de la alberca.
View MoreSer humillado de esa manera por Rogelio frente a mi familia hizo que sintiera mi dignidad pisoteada, como si la hubieran hundido en el fango.—¡Rogelio! ¿Qué estupideces estás diciendo? ¿A qué te refieres con que soy un hipócrita?Daba la impresión de que Rogelio se había vuelto loco de remate por la furia, porque estaba a punto de soltar lo que ambos sabíamos.—Deja de fingir, Montiel —dijo Rogelio con desprecio—. Te la pasas conmigo en el centro de masajes El Oasis. Te metiste con esa masajista, la tal Zaira; el mes pasado hasta los pesqué dándose arrumacos en uno de los privados. Engañas a Violeta y ahora quieres meterte con mi hija. ¿Es que no tienes vergüenza?Me quedé helado y el sudor me empapó la espalda. Rogelio acababa de ventilar lo de Zaira frente a todos; mi mujer me lanzó una mirada fulminante, con el rostro pálido como un papel. Pero yo no me iba a quedar de brazos cruzados.—No te creas muy limpio, Rogelio —le espeté—. ¿O piensas que no sé de las transferencias que le h
—Violeta, perdóname, las cosas no son como tú crees.Mi mujer me señaló, fuera de sí por la rabia, y empezó a gritarme.—¡Los estoy viendo de frente! —exclamó—. ¿Qué más quieres inventar?Estaba temblando de pies a cabeza, como si estuviera viendo las puertas del mismísimo infierno.Briseida se vistió sin ninguna prisa. Miró a mi esposa de arriba a abajo, notando su figura descuidada y sin rastro de atractivo, y no pudo evitar una sonrisa burlona.—Te vistes tan anticuada... con razón no tienes ni un poco de gracia —dijo con voz suave.Aunque lo dijo casi en un susurro, para mi mujer aquellas palabras fueron como el golpe de un mazo.El rostro de Violeta se puso rojo de inmediato y las lágrimas brotaron de sus ojos.—¡Tú... tú qué dijiste!—¡Ya basta! ¿Quieres dejar de hablar así? —le reclamé a Briseida, tratando de frenarla.Aunque los años ya le pesaban a mi mujer, seguía siendo mi esposa; no podía permitir que la humillaran así frente a mí.Me puse frente a Violeta, intentando calma
Al notar que no le quitaba la vista de encima a sus pies, Briseida soltó una risita.—Padrino, ¿a poco le gustan tanto mis pies?Me sentí muy avergonzado al ser descubierto de esa manera; aparté la mirada con torpeza y solté un par de tosidas fingidas para ocultar mi incomodidad. Ella, sin dejar de reírse, usó su pie para juguetear con las agujetas de mis zapatos. La textura de sus medias de red se tensó un poco contra mi piel.—Entonces, la próxima vez... ¿dejará que me los vea todo lo que quiera? —soltó con picardía.Sentí un vuelco de alegría en el pecho. “Mi mujer sigue en la recámara, no puedo hacer algo así”, pensé, tratando de recuperar la cordura.—¿Qué haces aquí tan tarde? ¿Pasó algo? —le pregunté de prisa.Briseida caminó hacia el sofá y se dejó caer en él, estirando las piernas hasta descansar los pies directamente sobre la mesa de centro. Sus pies, envueltos en esas medias negras, quedaron totalmente expuestos ante mis ojos.—Pues vine a darle las gracias, padrino. Por lo
Solo de pensar en lo que acababa de pasar en el agua, todavía me recorría un cosquilleo por todo el cuerpo, un hormigueo delicioso.Briseida dijo:—Todo es gracias a que mi padrino me enseña tan bien. Cuando tengas tiempo libre, tienes que seguir enseñándome, ¿eh?Cuando habló, parpadeó de esa manera que ya conozco, y supe que ella también había disfrutado muchísimo ese roce, que quería más de esa cercanía tan íntima.Lo que me tenía intrigado era por qué una chica tan guapa como ella, que seguro tenía a un montón de hombres alrededor, se fijaba en mí.¿De veras tendré algún encanto especial que ni yo mismo conozco?Entre más se acercaba, más sentía que detrás de todo esto había algo que no me estaba contando.Por la tarde seguimos jugando en la alberca.Briseida y yo nos tocábamos cada vez más seguido. Cada vez que le tomaba la cintura o le pegaba la espalda para corregirle la postura, parecía algo calculado, como si me estuviera probando poco a poco.Se acercaba con la excusa de apre






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