Ella perdía al bebé, él de vacacionesCamila Martínez sufrió un aborto espontáneo.
Amó a Rafael López durante diez años; abandonó la universidad en su segundo año para casarse con él.
Tres años de matrimonio en los que se desvivió por la familia, sin descanso ni queja.
Hasta que apareció una hoja de cálculo secreta.
Solo entonces supo que no era más que una pieza dentro del juego entre Rafael y su primer amor.
Desde la habitación del hospital, Camila se enteró de que Rafael estaba de pesca con su primer amor.
Ella pidió el divorcio.
La ama de casa a la que todos menospreciaban dio un giro radical.
Se convirtió en diseñadora de una marca de joyería de ultra lujo; maestra de un pianista de primer nivel; diosa del automovilismo; hija del ministro de Relaciones Exteriores; presidenta de una empresa cotizada con un valor de cientos de miles de millones...
Al ver que los pretendientes de Camila aumentaban cada día, Rafael empezó a acosarla sin descanso.
Harta, Camila fingió su muerte y desapareció.
Frente a una tumba vacía, Rafael veló solo noche tras noche, hasta romperse las rodillas de tanto arrodillarse.
Hasta que un día se reencontró por casualidad con Camila, su exesposa, a quien todos creían muerta, y los ojos se le enrojecieron al instante.
—Amor, ¿volvemos a casa, sí?
Camila sonrió:
—No digas tonterías. Ya estamos divorciados. Ahora estoy soltera.