No hay escena en toda la
trilogía que me deje con la garganta apretada como el final de Gollum: es brutal,
triste y a la vez extrañamente liberador. En «El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey» la muerte de Gollum ocurre en el corazón mismo de la misión: dentro del Monte del Destino, en la fisura donde el Anillo fue forjado y donde debe ser destruido.
frodo, vencido por el Anillo, lo reclama para sí en el último momento; Gollum, impulsado por su obsesión, lo ataca, le arranca el dedo con el Anillo andante, y en su
éxtasis vuelve a bailar sobre el borde de la grieta. Pero esa celebración termina con un traspié fatal: Gollum pierde el equilibrio y cae en la lava junto con el Anillo, destruyéndose ambos.
Si describo la escena del libro de Tolkien y la película de
peter jackson, conviene separar matices. En el libro,
la lucha es más íntima y menos espectacular, pero igual de decisiva: Frodo sucumbe psicológicamente y se proclama dueño del Anillo; Gollum lo muerde, recupera su 'precioso' y cae al abismo, perdiendo la vida en el
fuego de la grieta. Tolkien escribe que Gollum muere riendo, en un estado de frenesí, y
la caída del Anillo provoca la erupción del Monte del Destino que saca de escena la amenaza de Sauron. En la adaptación cinematográfica la secuencia se intensifica visualmente: la pelea, la mordida de Gollum arrancando el dedo de Frodo, el
baile final y la caída se muestran con gran dramatismo, la lava y la luz convierten el momento en un clímax único para la pantalla, y la cámara no nos permite olvidar
la naturaleza trágica y absurda de todo eso.
Más allá de la mecánica de cómo muere —es decir, la caída de Gollum con el Anillo en la fisura, quedando consumido por el
calor y las llamas—, lo que me fascina es la carga simbólica. Gollum no es un villano plano: es víctima de una adicción que lo corroe hasta borrar su identidad; en ciertos pasajes Tolkien hace sentir que, sin el Anillo, Smeagol podría haber sido otra cosa. La escena del Monte del Destino es la culminación de toda esa ambivalencia. Es, a la vez, la muerte de un personaje despreciable y la liberación del mundo de la corruptora tentación del Anillo. Esa paradoja me cala: la misión se completa sin que Frodo haga el acto final; en cierto modo, la compasión y el destino se entrelazan para que la salvación llegue por vías inesperadas.
Al terminar esa lectura o ver esa escena en pantalla, me quedo con una mezcla de tristeza y alivio: Gollum muere consumido por lo que lo hizo existir, pero su caída es también lo que salva
la tierra Media. Es una conclusión amarga, perfecta en su dolor, y es difícil no sentir algo profundo por un personaje que logró ser tan detestable y, al mismo tiempo, tan humano en su
desgracia.