Me encanta transformar cosas simples en marcapáginas que cuentan una historia propia; aquí te explico mi proceso paso a paso con calma.
Primero reúno materiales: cartulina de 200–300 g/m², regla metálica, cúter y base de corte, tijeras, papel decorativo o impresiones, cinta de doble cara, pegamento en barra, cinta laminadora transparente o láminas de plastificar, perforadora pequeña, hilo o cinta para el fleco, y opcionalmente cinta washi, pegatinas y selladores como barniz acrílico. Mido y marco el tamaño: yo uso 5 x 15 cm como estándar, pero puedes ajustarlo. Diseño o elijo una imagen y la imprimo en la cartulina o pego papel decorativo sobre cartón fino.
Después corto con precisión usando la regla y el cúter, lijando bordes si hace falta. Refuerzo con cinta de doble cara y aplico laminado con láminas adhesivas o plastifico para protegerlo del uso diario. Redondeo esquinas con una perforadora de esquinas si quiero un acabado profesional. Perforo un
agujero en la parte superior y coloco un ojo de bronce si lo deseas, luego añado un fleco hecho con hilo, cinta o incluso una pequeña prenda metálica.
Para detalles finales me gusta añadir capas: remites de washi en los bordes, sellos con tinta o un toque de pintura metálica. Si voy a hacer muchos, preparo plantillas y trabajo en cadena: cortar, decorar, plastificar, rematar. Al final siempre pruebo el marcapáginas en diferentes libros para asegurar que entra entre las páginas sin dañarlas; me relaja mucho el proceso y me deja con piezas útiles que también son pequeños regalos personales.