Me choca lo directo que es su estilo cuando responde a la crítica sobre identidad de género; no anda con rodeos y suele convertir cualquier comentario en una línea clara de debate público.
En mis redes veo que su respuesta típica mezcla dos recursos: primero, plantea su postura en términos casi científicos y de “realidad biológica”, insistiendo en distinguir sexo y género de forma tajante; segundo, lo acompaña de una narrativa moral —protección de niños, de mujeres, y defensa de la
libertad de pensamiento— que busca colocar a sus detractores como los verdaderos intolerantes. Ese enfoque lo vimos muy claro en su documental «What Is a
woman?», donde usa entrevistas y ejemplos provocativos para reforzar su argumento y responder a las críticas con más exposición mediática.
Personalmente, me resulta efectivo para movilizar a su público: responde con ironía, con preguntas retóricas y con apelaciones a la libertad de expresión, y cuando recibe ataques los traduce en pruebas de victimización de su postura. Eso lo hace imbatible en círculos afines, pero polariza mucho más el diálogo público y deja menos espacio para matices. Al final, su forma de responder dice tanto de su estrategia comunicativa como de sus convicciones, y eso tiene consecuencias claras en cómo se discute este tema hoy.