Al repasar la influencia de Edmundo De Amicis se aprecia claramente un hilo pedagógico que ha interesado a generaciones de educadores. No es tanto que dejara una lista de máximas dirigida exclusivamente a docentes, sino que su novela «Cuore» y otros escritos contienen numerosas observaciones sobre la infancia, la disciplina y la formación del carácter que los maestros han aprovechado como referentes. En contextos hispanohablantes muchas traducciones difundieron párrafos convertidos en lemas escolares.
Además de las ideas sobre deber y patriotismo, hay en sus páginas una defensa de la ternura pedagógica: el maestro como modelo humano antes que como mero transmisor de conocimientos. Desde mi punto de vista, eso explica por qué su producción literaria se convirtió en una especie de manual ético en algunas escuelas antiguas y por qué todavía hoy aparecen citas suyas en discursos y homenajes a la docencia.
Recuerdo haberme topado con una edición gastada de «Cuore» en una librería de viejo y quedarme enganchado a sus páginas largas noches; desde entonces me fascina cómo De Amicis escribía pensando en la escuela y en los maestros. En sus relatos y cartas hay muchas perlas morales y escenas pensadas para formar el carácter: la paciencia con los chicos, la importancia de la humildad y el valor del ejemplo. Todo eso ha hecho que docentes de distintas épocas recojan fragmentos de su obra como pequeñas consignas pedagógicas.
No siempre son 'frases célebres' en el sentido de citas famosas sueltas, sino escenas y párrafos que los maestros usan para motivar o reflexionar en clase. Por eso, si alguien pregunta si dejó citas para docentes, yo respondo que sí: dejó ideas y pasajes que han sido reciclados en pizarras, discursos y dedicatorias. Me encanta cómo, pese al tiempo, esas lecciones siguen resonando y provocan diálogo sobre cómo educar con empatía y firmeza.
No es raro encontrar recortes y anotaciones de De Amicis en cuadernos viejos de maestros; su escritura dejó una impronta claramente educativa. Aunque no compuso un 'manual para docentes', sí sembró frases y pasajes en «Cuore» que se usan como recordatorios sobre paciencia, ejemplo personal y amor al trabajo con niños.
También conviene decir que algunas ideas reflejan el tiempo en que vivió y pueden sonar anticuadas; aún así, muchas docentes rescatan la parte humana de sus textos. En lo personal valoro más ese énfasis en la empatía que las fórmulas rígidas: es la parte del autor que todavía me inspira cuando pienso en la enseñanza.
Me entusiasma ver que muchas escuelas todavía recurren a De Amicis cuando quieren hablar de valores: su estilo directo y emotivo conecta fácil con los chicos. En la práctica, lo que se cita no siempre es una 'frase célebre' atribuida con precisión, sino fragmentos de relatos de «Cuore» que exaltan la bondad, la honestidad y el amor al prójimo; son textos que funcionan como recordatorios para el rol formativo del maestro.
Personalmente recuerdo fotografías antiguas en las que las paredes del aula tenían carteles con extractos de sus historias: eso demuestra que, aunque algunas ideas suenen decimonónicas, el poder de su lenguaje para inspirar sigue vigente. Me parece bonito que se use su voz para poner en primer plano la dimensión ética de la enseñanza.
2026-04-05 06:38:25
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Lo dejé y me llevé todo lo que me debía
Crimson R
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Mi esposo estaba trabajando durante las fiestas, otra vez. Lo habían enviado fuera de la ciudad para supervisar una de las operaciones portuarias de la Familia y una serie de casas de juego. Por lo tanto, decidí comprar un boleto y sorprenderlo.
Solo quedaban asientos en clase ejecutiva.
Mirando el precio de cinco cifras, apreté los dientes y me gasté los ahorros de todo un año.
Todo para que luego ni siquiera pudiera averiguar cómo bajar la maldita bandeja.
La socialité sentada a mi lado soltó una risa fría.
—¿Nunca has volado en clase ejecutiva?
Forcé una sonrisa incómoda.
—Disculpa. Tú debes de ser… importante. Tienes esa aura.
—¿Oh, yo? No. El hombre que me mantiene es el importante. Alquilaría un jet privado si yo se lo pidiera. La clase ejecutiva es prácticamente rebajarse.
Parpadeé.
—¿Un… benefactor? Eso es raro.
—Para nada. Soy su secretaria. Cometo muchos errores. Le cuesta una fortuna. Me grita hasta que lloro. Y luego, bueno… llorar lleva a otras cosas. —Ella guiñó un ojo—. Ya sabes cómo es.
—Qué curioso —dije, con la voz tensa—. Mi esposo tiene una asistente que le ayuda a manejar las cuentas de los muelles. También se equivoca mucho.
—¿Estás casada?
Me recorrió de arriba abajo con la mirada.
—Mi hombre tiene una esposa de tu edad. Dice que está harto de ella. Que tocarla es aburrido. Dice que es mucho más emocionante el simple hecho de apartarme el cabello de la cara.
Se inclinó más cerca.
—Le dije que quería verlo para Año Nuevo. Así que le dijo a la esposa que tenía que trabajar.
En ese momento, el diamante en su dedo atrapó la luz. Era idéntico al anillo de boda que yo había perdido.
El cuerpo se me heló.
No. Matteo solo era un ejecutor de bajo nivel. Un simple soldado en el que la Familia confiaba ocasionalmente para hacer operaciones menores: envíos en el muelle, apuestas clandestinas, nada más.
¿Cuándo se convirtió en un Don?
Después de fracasar con mis tres primeros objetivos del sistema, elegí comprometerme con la heredera paralizada de la familia Ortiz.
Gasté todos mis puntos para que pudiera volver a caminar.
Pero lo primero que hizo al recuperarse fue cancelar nuestro compromiso y casarse con Castel Díaz en un crucero atracado junto al puerto, frente a todos.
En plena ceremonia, mis cuatro objetivos de conquista miraban a Castel con una ternura desbordante.
De pronto, me invadieron unas ganas inmensas de volver a casa.
Así que me di la vuelta y salté directamente al mar.
Pero cuando me hundía en el agua, una figura se lanzó tras de mí y me arrastró de vuelta a la superficie.
En ese momento, yo todavía no sabía que, muy pronto, esas cuatro mujeres acabarían mirándome con arrepentimiento y miedo.
Tenía tres meses de embarazo cuando ocurrió el accidente automovilístico.
En esos últimos instantes, mientras mi conciencia se desvanecía, marqué desesperadamente a la línea privada y encriptada de Damian, aquella reservada solo para emergencias.
Él nunca contestó.
Para cuando me llevaron de urgencia al quirófano, recibí un golpe devastador: Damian había reasignado por la fuerza a mi médico privado principal al Distrito Sur. Necesitaba al mejor doctor para atender a su amor de la infancia, Evelyn, quien acababa de enviudar.
Cuando por fin desperté, envuelta en una neblina de agonía, mis dedos temblorosos deslizaron la pantalla y abrieron Instagram. Vi la publicación más reciente de Evelyn:
«Sabía que, sin importar la distancia ni el tiempo, Damian movería cielo y tierra para llegar hasta mí. Incluso trajo a su Médico Jefe solo para ayudarme a sanar de mi dolor».
En la foto que acompañaba el texto, Damian —un hombre conocido por sus ojos fríos y letales— miraba a la mujer a su lado con una ternura que yo no había visto en años.
Mientras yo me aferraba a la vida al borde de la muerte, luchando por salvar a nuestro hijo, mi esposo jugaba a ser el protector de otra mujer embarazada.
Una risa hueca y llena de burla hacia mí misma escapó de mis labios. Sin pensarlo dos veces, deslicé la alianza de bodas fuera de mi dedo anular. Abrí mi bandeja de entrada y presioné «Confirmar» en la invitación del Instituto Internacional de Finanzas más elitista del mundo.
Si Evelyn es lo único que le importa, entonces les daré mi bendición.
En siete días, desapareceré de su mundo para siempre… y me llevaré a mi bebé conmigo.
su tono era extremadamente suave, como si yo fuera su tesoro más preciado. Apretó su agarre y acarició mi cintura con una de sus grandes manos con ternura. El calor que se filtraba a través de mi ropa encendió mi cuerpo.No te resistas —ordenó mientras me besaba. Cerré los ojos, correspondiéndole el beso, deseando más.—Dime que me eliges... —susurró en mi oído, enviando escalofríos por mi espalda.No pude evitar temblar de deseo Sin embargo, todo lo que pude hacer en respuesta fue apartarlo.—Lo siento...Desde que Mia nació, la desgracia la persiguió. Nada funcionaba en su vida. Estaba desesperada por una salida cuando dos alfas poderosos e increíblemente guapos la salvaron de su miseria. Desde entonces, hombres atractivos seguían apareciendo a su alrededor, y sus problemas desaparecían uno por uno."Los 5 Alfas de Mía" es una creación de A.B Elwin, una autora de eGlobal Creative Publishing.
—Se sospecha que Velda Griffin se ha aliado con los renegados para dañar a Sienna Armstrong, la futura Luna. Hoy, será sentenciada a un juicio de memoria.
El enorme cristal de memoria brilla con frialdad en el tribunal. Mi ex compañero, el Alfa Lorcan Cillian de la manada Sombra de Luna, mantiene una expresión arrogante. No hay más que asco en sus ojos.
—Todas las cosas crueles que has hecho se reflejarán en el cristal de memoria. ¡Deja que toda la manada sea testigo de tu verdadera calaña, perra asquerosa!
Sienna se reclina contra el cuerpo de Lorcan con una sonrisa de suficiencia grabada en el rostro. Ella piensa que mi reputación quedará completamente empañada.
Aunque mis extremidades están atadas con cadenas de plata, una leve sonrisa de alivio ha aparecido en mi pálido rostro.
—¿Estás seguro de que quieres ver mis recuerdos, Lorcan? Una vez que comiences... no habrá vuelta atrás.
En mi cumpleaños, salí a comer con mi familia. Pedí un deseo con la esperanza de que estuviéramos juntos y felices para siempre.
Al abrir los ojos, vi a mi hijo, Luigi Marino, sosteniendo su tableta.
En la pantalla aparecía un mensaje: "Papá, Maria dice que está embarazada de tu bebé. ¿Voy a tener una nueva mamá?"
Giovanni Marino me estaba tomando fotos con una Polaroid. Miró la pantalla de reojo y escribió una respuesta al reverso de la foto.
"No. Le prometí a tu mamá que, si alguno de los dos traicionaba al otro, desaparecería de su vida para siempre. No puedo vivir sin ella. Así que tienes que ayudarme a mantener esto en secreto. Aunque Maria tenga ese bebé, nunca aparecerán ante tu mamá".
Después de escribir eso, me miró y preguntó con ternura:
—¿Qué te pasa, amor? ¿Por qué tienes los ojos rojos? ¿Te los irritó el humo de las velas?
Mis lágrimas estuvieron a punto de caer, pero forcé una sonrisa y respondí:
—Estoy bien. El regalo de cumpleaños que me prepararon es maravilloso. Me conmovió tanto que no pude evitar llorar.
Él no sabía que mi dislexia había desaparecido una semana antes.
Parecía que ya no tenía que seguir pensando en si aceptar la oferta de trabajo de una prestigiosa organización internacional sin fines de lucro dedicada a enseñar a leer a niños con dislexia.
En siete días, todo el papeleo estaría listo. En ese momento, desaparecería para siempre de sus vidas.
Me encanta guardar frases pegajosas para arrancar una clase con energía y ver cómo encajan en distintos momentos: de bienvenida, para calmar un aula o para celebrar un logro. Muchas veces las comparto en grupos de chat con colegas y en una carpeta de recursos porque funcionan como pequeños anclajes emocionales: algo corto, claro y repetible. He notado que las frases que mejor prenden son las que invitan a la curiosidad o al intento, no solo al resultado.
Hay sitios donde abundan: tableros de ideas, blogs educativos, cuentas en redes que recopilan refranes motivacionales y hasta libros con citas conocidas —a veces tomo una línea de «El Principito» y la adapto para que los estudiantes la entiendan—. Lo importante no es copiar literal, sino adaptar según la edad, el contexto cultural y el objetivo de la clase. Una frase para sexto de primaria no tiene el mismo tono que una para adolescentes.
Mi hábito es elegir dos o tres frases para la semana: una de bienvenida, otra para recalcar esfuerzo y otra de cierre. Las escribo en cartelitos, las proyecto en la pizarra o las incorporo en tarjetas que pasan por parejas. Cuando las frases resuenan, generan pequeñas conexiones que luego se traducen en risas, preguntas y, al final, aprendizaje real.
Me encanta cuando una frase de un libro se queda pegada en la charla del aula o en la sobremesa; eso pasa mucho porque las frases famosas condensan sensaciones, valores y técnicas narrativas que funcionan como ganchos inmediatos. He visto que muchos docentes sí recomiendan citas de obras clásicas y contemporáneas, pero no lo hacen al azar: suelen elegir fragmentos que ejemplifican un recurso literario (hipérbole, metáfora, anáfora), que abren debates éticos o que sirven de punto de partida para ejercicios de escritura. Por ejemplo, en clases se recurre con frecuencia a pasajes de «Cien años de soledad» para hablar de realismo mágico, o a líneas de «1984» para discutir control y lenguaje.
También noto que la recomendación se adapta según el objetivo. A veces la frase es práctica —una oración potente para aprender a citar o a introducir una idea en un ensayo—; otras veces es emocional, usada para motivar la lectura o para conectar vivencias personales con la literatura. Los educadores responsables suelen insistir en contextualizar: explicar quién dijo qué y por qué, para que el fragmento no pierda su sentido.
En lo personal, me parece valioso que se recomienden frases porque funcionan como puertas de entrada: despiertan curiosidad y pueden convertir a alguien que solo hojeó un libro en un lector interesado. Eso sí, siempre prefiero cuando además invitan a leer el texto entero y no solo a coleccionar citas bonitas.