INICIAR SESIÓN
Después de lo que había pasado, era imposible continuar con la clase.Jane, que había llegado al escuchar el alboroto, ayudó a Zeke a tranquilizar a los niños asustados y a acompañarlos fuera del aula.Sabía que tarde o temprano Giovanni me encontraría. Pero no esperaba que lo hiciera tan pronto y de una forma tan imprudente.No lo entendía. Si me hubiera amado tanto como para dejarlo todo, entonces Maria nunca habría existido. Y si eligió traicionarme, ¿por qué fingir tanto sufrimiento después de que me fui?Aunque no terminaba de entenderlo, ya había tomado una decisión. Lo nuestro había terminado.Cuando solo quedamos los tres en el aula, la obsesión volvió a adueñarse de la mirada de Giovanni. Como una bestia fuera de control, me sujetó de la muñeca con tanta fuerza que sentí que podía romperme los huesos.—Vuelve a casa conmigo, Chichi.Habló entre dientes, marcando cada palabra.—Ese es tu lugar. El mundo que construí para ti. ¡Todo lo hice por amor!Había una obstinación
Volví a ver a Giovanni después de meses separados. Ya no era el impecable Don de la mafia que recordaba.Su traje hecho a medida estaba arrugado, la barba de varios días oscurecía su mandíbula y olía intensamente a cigarrillo y alcohol. Los ojos que antes transmitían control ahora estaban enrojecidos, cargados de una locura apenas contenida.Luigi parecía un animalito asustado. Se aferraba con fuerza al borde de la chaqueta de Giovanni y me observaba con el rostro pálido.Quise darme la vuelta y cerrar la puerta, pero Giovanni se abalanzó sobre mí y me envolvió en un abrazo apretado. Su cuerpo temblaba y su voz era tan ronca que apenas pude reconocerla.—Chichi, sin ti mi mundo está vacío... No me abandones, por favor...—¡Mamma!La voz de Luigi temblaba entre sollozos.—Desde ahora te haré caso. No me dejes...Su aparición fue como una roca rompiendo la calma de un lago tranquilo. Los niños se ocultaron en los rincones del aula, asustados. Fue entonces cuando Zeke intervino.Sin
Después de ese día, comencé oficialmente a trabajar en el centro educativo.Dejé de obligar a los niños a "leer" y en su lugar empecé a diseñar todo tipo de juegos sensoriales. Les enseñaba a percibir la forma y el ritmo de las palabras a través del tacto, los sonidos e incluso los olores.El hombre que decía que tenía talento para enseñar se llamaba Zeke Lewis. Era el asesor psicológico del centro. Cada vez que comenzaba una de mis clases, se quedaba en un rincón con una taza de café entre las manos, observando en silencio.A diferencia de los demás voluntarios, no tenía prisa por ver resultados. Solo observaba. Y cuando yo necesitaba ayuda, siempre me ofrecía la orientación psicológica más acertada.Después de clase, siempre me hacía muchas preguntas sobre cómo convertía las palabras en experiencias táctiles y cómo lograba tranquilizar a los niños cuando se sentían frustrados.Siempre que le hablaba de los problemas de lectura que tanto me habían hecho sufrir y de cómo los utili
Tras cruzar medio mundo en avión, por fin aterricé en un país extranjero. Pero lo que me esperaba no era la alegría de empezar de nuevo, sino la deshidratación y un agotador desfase horario.Pasé tres días enteros encerrada en el apartamento que me había asignado la organización, agotada y desorientada.Al cuarto día, Jane Winter, la directora del programa, llamó a mi puerta.—Señora Faraci, sé que viene de una vida acomodada. Pero aquí nadie va a esperar a que termine de adaptarse.Me entregó una carpeta.—Nuestros niños no pueden esperar.Sus palabras fueron directas, casi frías.—Cada año llegan personas como usted, llenas de entusiasmo y convencidas de que la amabilidad puede solucionarlo todo. Pero en menos de tres meses, la frustración y los gritos de los niños las superan, y acaban comprando un tiquete de regreso a casa entre lágrimas.—No necesitamos compasión. Necesitamos personas que comprendan de verdad su dolor. Espero que usted no sea la próxima en huir.Sabía exactam
Ante las preguntas de Giovanni, oculté mis nervios y fingí la misma confusión de siempre.—¿Qué?Tomé el documento de su mano y lo miré como si nada.—Ah, esto debe de ser de Sofia. Quiere postularse para un trabajo en una organización benéfica internacional, pero le preocupa no pasar la verificación de antecedentes. Por eso usó mi nombre. Dice que la identidad de "Donna Marino" le facilitaría las cosas. Hace un momento me llamó para pedirme que se lo llevara.Giovanni me miró fijamente, como si intentara encontrar algún fallo en mi historia. Pero lo único que vio fue mi habitual confusión frente a las palabras escritas. Entonces se relajó.Luigi intervino con una sonrisa.—Mamma, adivina qué te trajimos.Me quedé en silencio un momento y respondí:—Una caja de música personalizada.—¿Cómo lo supiste? —preguntó Luigi, sorprendido.¿Cómo no iba a saberlo? Cuando Giovanni y yo empezamos a salir, me regaló una. Como no podía leer la inscripción grabada en ella: "Chiara Faraci, te am
Tal vez Giovanni notó que me pasaba algo esa noche.Al día siguiente era uno de esos raros fines de semana libres. En vez de salir a atender asuntos de la familia, propuso que fuéramos a Sunny Coast.—Hace mucho que queremos pasar un día en la playa. Solo que no habíamos tenido tiempo.Su voz se volvió más suave cuando preguntó:—Ven con nosotros hoy, ¿sí?Luigi no podía contener la emoción.—Todos mis compañeros dicen que esa playa es súper divertida, pero siempre está muy llena. Esta vez, Papá reservó todo el lugar para nosotros. ¡Papá es el mejor!Antes de que pudiera negarme, ya había empacado los trajes de baño. Así que no tuve más remedio que ir con ellos. Me dije que sería el último fin de semana con ellos antes de irme.Al llegar a la playa, la brisa del mar era fuerte. Luigi me tomó de la mano y corrió por la arena, mientras sus risas se perdían entre el viento. Giovanni nos siguió todo el tiempo.Cuando me froté los brazos por el frío, me cubrió los hombros con su chaqu







