Me llama la atención cómo la «Biblia» mezcla listados teóricos y relatos vivos para explicar los dones del Espíritu; no es sólo una lista seca, sino una conversación entre textos narrativos y cartas prácticas.
En varios pasajes aparece una lista de dones: por ejemplo, en «
romanos» 12 Pablo menciona servicios concretos como enseñar, dar, y mostrar misericordia; en «1 Corintios» 12-14 se enumeran dones como la sabiduría, la fe extraordinaria, los dones de sanidad, los milagros, la profecía y las lenguas, y además hay instrucciones sobre su uso en la comunidad. «Efesios» 4 añade oficios que edifican la iglesia, como apóstoles, profetas, pastores y maestros.
Aparte de las listas, los relatos de «Hechos» muestran ejemplos prácticos: el Pentecostés con las lenguas en «Hechos» 2, curaciones hechas por los apóstoles en capítulos como el 3, y profecías puntuales como la de Agabo. En conjunto, la «Biblia» da tanto ejemplos narrativos como criterios prácticos para identificar y ordenar los dones, aunque no siempre responde a todas las preguntas modernas sobre cómo se ven hoy en día; personalmente encuentro esa combinación muy útil y, al mismo tiempo, desafiante.