4 Answers2026-02-01 16:30:22
Me doy cuenta de que hay algo casi ritual en enfermarnos más en invierno: el cambio no es solo del termómetro, sino de todo lo que hacemos. Cuando hace frío la gente se mete en casas, bares y transporte público, y eso significa más contacto directo y más probabilidad de que un virus encuentre a su próxima víctima. Además, el aire frío y seco favorece que partículas virales en aerosoles se queden flotando más tiempo; los virus respiratorios, como la gripe o el rinovirus, resisten mejor en esas condiciones.
Por otro lado, el frío reseca las mucosas nasales, que son nuestra primera barrera física y química contra patógenos, y con menos vitamina D por menos exposición solar la respuesta inmune puede debilitarse. En España también influye la variación regional: en la costa atlántica el invierno es húmedo y templado, pero en el interior la temperatura baja mucho y la calefacción seca el aire dentro de casa. Por último, las fechas festivas, el regreso a las aulas y los desplazamientos aumentan los encuentros entre personas, acelerando la transmisión. Personalmente, intento ventilar bien y usar humidificador cuando noto que el aire está muy seco: pequeñas cosas que ayudan a no pasar toda la temporada en pañuelos.
4 Answers2026-02-01 21:11:40
Me encanta pensar en esto porque mezcla biología, hábitos y hasta política: hay muchas razones por las que nos enfermamos y suelen actuar juntas, no solo una sola. En lo más básico están los microbios: virus, bacterias, hongos y parásitos que pueden entrar en nuestro cuerpo y multiplicarse. La transmisión pasa por el aire, el contacto directo, superficies contaminadas, agua o alimentos mal tratados. Si nuestro sistema inmunitario está distraído o debilitado, esos invasores encuentran más fácil el camino.
Otro gran bloque son nuestros hábitos y entorno: dormir mal, comer basura, fumar, consumo excesivo de alcohol, sedentarismo y estrés crónico dañan la respuesta inmune. Además, factores sociales como vivir en condiciones de hacinamiento, no tener acceso a servicios de salud o no recibir vacunas hacen que ciertas enfermedades se propaguen con más fuerza. Al final del día, yo veo la enfermedad como el punto de encuentro entre un germen, un cuerpo y un entorno que le favorece; cuidarse reduce el riesgo, pero nunca lo elimina por completo.
4 Answers2026-02-01 06:45:14
Me llama la atención cómo un simple cambio de temperatura puede dejarme hecho polvo al cabo de un día.
Cuando salgo de un sitio cálido y me encuentro con aire frío, noto que la nariz se me queda seca y me empiezan a picar las vías respiratorias. Eso no es magia: el frío y el aire seco reducen la eficacia del moco y del movimiento ciliar que atrapan y expulsan microbios. Además, los vasos sanguíneos de la mucosa nasal se contraen con el frío, lo que baja el flujo de células inmunitarias justo donde más las necesitas.
A esto súmale que muchos virus respiratorios, como los rinovirus, prefieren temperaturas más bajas para replicarse mejor en la nariz. Y claro, cuando la temperatura cambia de golpe tendemos a juntarnos en espacios cerrados, aumentando el contacto y la transmisión.
En definitiva, no es que el frío te “dé” el resfriado de inmediato, sino que crea condiciones que favorecen a los virus y debilitan tus defensas. Lo que más me sirve cuando noto esos cambios es abrigarme por capas y mantener aire y humedad razonables; a mí me ayuda a no terminar con la voz hecha papilla al día siguiente.