3 Réponses2026-02-14 13:56:24
Me viene a la cabeza Miguel de Unamuno cuando pienso en la figura del ermitaño moderno: en su obra hay una constante preocupación por la soledad interior y la tensión entre fe y duda que encarna ese tipo de personaje. En «San Manuel Bueno, mártir» aparece un protagonista que, aunque no es un ermitaño literal, vive recluido en una especie de abandono espiritual y social; su aislamiento interno y su lucha con la fe lo colocan en la línea del ermitaño contemporáneo, alguien que se separa del ruido de la sociedad para vivir una búsqueda íntima. También en «Niebla» y en otros ensayos Unamuno juega con la idea del individuo que se enfrenta a la existencia desde un lugar solitario, casi eremítico, y reflexiona sobre la autenticidad y el conflicto interno.
Lo que me atrae de esta lectura es cómo Unamuno convierte la soledad en una herramienta filosófica: no es solo retiro físico, sino una manera de poner a prueba las creencias y la propia identidad. Para mí, su tratamiento del aislamiento tiene más que ver con la angustia moderna que con la austeridad del ermita tradicional, y por eso lo considero tan pertinente cuando se habla de un «ermitaño moderno». Al terminar, siempre me quedo con esa sensación agridulce de comprensión y desasosiego que él sabe provocar.
3 Réponses2026-02-14 12:24:38
Recuerdo la sensación de soledad que transmitía la música desde el primer acorde en «El ermitaño». La banda sonora mezcla sonidos naturales —viento, crujir de ramas, gotas de agua— con texturas acústicas muy simples: un piano con mucho espacio entre notas, una guitarra de cuerdas de acero tocada con dedos doloridos y un violín que aparece sólo en momentos de recuerdo. Esa economía sonora hace que cada sonido importe; no hay sobrecarga, sólo capas sutiles que se van superponiendo según la escena.
En escenas donde el personaje está en silencio absoluto, la música cede y quedan los sonidos diegéticos para marcar el pulso; en las secuencias de memoria la guitarra introduce una melodía tibia y repetitiva que vuelve una y otra vez como hilo conductor. Hacia el final, cuando el paisaje y la psique del ermitaño se encuentran, aparece un colchón tímido de sintetizadores analógicos que eleva sin dramatizar. Me gusta cómo la partitura respeta el ritmo del personaje, dejando respirar las imágenes y a la vez guiando emocionalmente sin exagerar. Terminé sintiendo que la música era el eco de la vida interior del protagonista, cercana y humilde, y que todas las decisiones sonoras estaban puestas al servicio de la intimidad de la historia.
3 Réponses2026-02-14 21:59:44
Me enganchó la forma en que el silencio se vuelve personaje en «Siddhartha»; ese libro me acompañó en noches de insomnio y me mostró al ermitaño como un viajero interior.
Al leer a Hermann Hesse, me fascinó cómo el protagonista no es un ermitaño en el sentido estricto desde el inicio, sino que se transforma: renuncia a la vida mundana, practica la austeridad con los ascetas y finalmente vive períodos de retiro junto al río, donde la soledad se vuelve maestro. Es un retrato delicado de alguien que busca la verdad por fuera de las estructuras sociales, y la soledad le ofrece tiempo para escuchar.
No es una historia de cabañas en la montaña ni de aislamiento forzado, sino de elecciones conscientes: la vida de ermitaño aparece como una etapa necesaria para que Siddhartha aprenda a observar, a escuchar el fluir del mundo y a integrar su experiencia. Me gusta porque combina poesía, filosofía y pequeñas escenas cotidianas que hacen creíble ese retiro interior. Al cerrar el libro, me quedé con la sensación de que la soledad, bien llevada, puede ser una herramienta de conocimiento y una fuente de paz. Esa impresión todavía me acompaña cuando necesito recalibrar mi propia vida.
3 Réponses2026-02-14 22:21:43
Me viene a la mente una película que retrata a un joven que eligió el abandono de la vida convencional: «Into the Wild». Es la adaptación cinematográfica, dirigida por Sean Penn, de la historia real de Christopher McCandless (conocido también como Alexander Supertramp), contada originalmente por Jon Krakauer en su libro. La película sigue a Emile Hirsch interpretando a ese muchacho que dona sus ahorros, regala sus pertenencias y se lanza a recorrer Estados Unidos hasta internarse en Alaska, buscando una soledad radical y un contacto puro con la naturaleza.
La película no solo muestra paisajes impresionantes, sino que plantea preguntas incómodas sobre el romanticismo de la soledad, la búsqueda de sentido y los límites entre independencia y desprotección. Personalmente me impactó la manera en que equilibra la ternura con la dureza: McCandless aparece como idealista y autodestructivo a la vez. Verla me dejó con una mezcla de admiración por su coraje y tristeza por su final; es una adaptación que humaniza a un ermitaño real sin convertirlo en mito, y que invita a reflexionar sobre lo que significa realmente aislarse del mundo.
Al terminar, siempre me quedo pensando en las contradicciones del aislamiento voluntario: la película muestra que la vida de un ermitaño real puede ser a la vez liberadora y trágica, y que detrás de cada gesto extremo hay una historia compleja que merece ser escuchada.
3 Réponses2026-02-14 15:51:39
Hace poco me topé con una obra que me resonó mucho: «Memorias de un hombre en pijama», de Paco Roca. Me encantó porque cuenta la vida de alguien que vive en la ciudad pero decide protegerse del ruido y la prisa adoptando una rutina casi ermitaña: trabaja desde casa, evita el trajín y observa el mundo con humor y cierta distancia. Las viñetas mezclan ironía y cariño; no es una oda al aislamiento total, sino más bien una exploración suave de cómo convivir con la soledad en un entorno urbano saturado.
Lo que más me llamó la atención fue la forma en que Roca humaniza al personaje: no lo pinta como un solitario amargado, sino como alguien que ha elegido su comodidad y reflexiona sobre la vida moderna. Hay tiras cortas con chistes agudos y otras páginas más melancólicas que tocan temas como la amistad, la rutina y el empleo precarizado, todo con un trazo claro y expresivo. Me sentí identificado en varios momentos, sobre todo en la mezcla de pereza y lucidez que transmite el protagonista.
Si buscas una lectura que combine humor cotidiano, crítica social y ternura, «Memorias de un hombre en pijama» es una gran opción. Me dejó pensando en cómo la ciudad puede empujar a mucha gente a reinventar su forma de estar en el mundo, y además me arrancó risas en momentos inesperados.