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Voy paso a paso con lo que recomiendo para mamás recientes y lo que les diría a mis amigas: primero, escucha al cuerpo y permite que las primeras semanas sean de cuidado y movimientos suaves. La respiración diafragmática y las contracciones del suelo pélvico se pueden empezar desde el primer día; son discretas, no requieren equipamiento y ayudan a reconectar músculos que han trabajado mucho en el parto.
A las 3–6 semanas incorporé paseos más largos, estiramientos de espalda y ejercicios de movilidad de cadera. Por seguridad, evité levantar pesos grandes y ejercicios abdominales intensos hasta que la matrona lo confirmara; si hay diástasis (se nota una separación en la línea media), lo ideal es trabajar con un fisioterapeuta para aprender activaciones seguras del transverso. También recomiendo revisar la postura para cargar al bebé: mantener la pelvis neutra y usar el núcleo para no forzar la espalda. Personalmente, encontrar un grupo de postparto me ayudó tanto física como emocionalmente, porque compartir experiencias normaliza el proceso.
Te cuento lo que me funcionó tras dar a luz: empecé con movimientos muy suaves y con foco en el suelo pélvico y la respiración abdominal. Durante las primeras dos semanas hice respiraciones profundas y contracciones cortas del suelo pélvico (tipo Kegel) varias veces al día: 10 contracciones rápidas y 5 contracciones largas de 5-10 segundos, repitiendo eso 3 veces al día. También caminé todos los días aunque fuera 10–15 minutos para mover circulación y ánimo.
A las 4–6 semanas, con el visto bueno de la matrona, añadí inclinaciones pélvicas tumbada, puentes de cadera (10–15 repeticiones) y activación del transverso abdominal con respiración (inhalar relajando, exhalar llevando el ombligo hacia la columna). Evité abdominales tradicionales y cualquier ejercicio que aumentara una separación abdominal marcada hasta trabajar la coordinación del transverso.
Lo que más quiero recalcar es que cada cuerpo es distinto: si notas dolor, sangrado abundante, o pérdida de orina que empeora, conviene consultar con la matrona o un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. A mí me ayudó mucho combinar ejercicios caseros con sesiones puntuales con una fisioterapeuta; fue un alivio ver progresos reales y recuperar confianza en mi cuerpo.
Un consejo práctico desde la experiencia con amigas que han tenido bebés: las contracciones del suelo pélvico (Kegels) y la respiración diafragmática son la base y se pueden hacer en cualquier momento del día. También me sirvieron mucho las inclinaciones pélvicas y los estiramientos suaves para la zona lumbar porque después del parto y de cargar al bebé la espalda suele resentirse.
Si notas diástasis, evita abdominales tradicionales y busca ejercicios que prioricen la activación del transverso. Para mí fue clave acudir a una fisioterapeuta especializada en suelo pélvico en el Centro de Salud, y la matrona me dio pautas de progresión. Poco a poco se puede recuperar fuerza y confianza sin prisas; cada paso pequeño suma y eso se nota en el día a día con el bebé.
Me encantaba volver a moverme poco a poco, así que armé una rutina clara y práctica que funcionó cuando ya tuve permiso médico. Empieza con una fase de reactivación (semanas 0–4): respiración profunda, contracciones del suelo pélvico y caminatas suaves. Fase 2 (semanas 4–8): 3 veces por semana incorporé 3 series de 10 inclinaciones pélvicas, 10 puentes de glúteo, 10-12 'heel slides' y 10 bird-dogs alternos, cuidando la respiración y la activación del transverso.
Si hay diástasis, evité crunches y moví el enfoque a cierres abdominales suaves con exhalación; un ejercicio seguro que usé fue levantar ligeramente la cabeza con manos detrás del cuello y mantener una sensación de cierre del abdomen, sin empujar con la fuerza. En la fase 3 (a partir de 8–12 semanas) fui incrementando la intensidad: planchas modificadas de 10–30 segundos, más caminatas largas y, si todo iba bien, ejercicios de fuerza con peso moderado. Nunca forzé dolor ni aumenté sangrado; cuando tuve dudas consulté a la matrona y su fisioterapeuta, y eso marcó la diferencia en mi recuperación.
He aprendido que lo más importante es ser paciente y combinar ejercicios suaves con ayuda profesional cuando hace falta. En las primeras semanas prioricé movilidad, respiración y mucha hidratación; más adelante fui añadiendo puentes, activaciones de transverso y paseos largos para recuperar fondo y ánimo.
Presta atención a señales como dolor intenso, fiebre, sangrado que empeora o pérdida de control urinario que no mejora: son motivos para acudir a la matrona o al fisioterapeuta de suelo pélvico. También aconsejo mantener una buena postura al coger al bebé y respetar los tiempos tras una cesárea, donde la cicatriz necesita más cuidado. En mi caso, combinar ejercicio casero con alguna sesión de fisioterapia fue la combinación ideal para volver a sentirme fuerte y segura.